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La ciudad jugable, motor de renaturalización urbana

La ciudad jugable, motor de renaturalización urbana

Barcelona desarrolla desde desde el 2016 un plan municipal de políticas enfocadas a garantizar el derecho al juego en el espacio público.

Los patios escolares, las plazas centrales de las supermanzanas y los parques han experimentado una transformación que contempla aspectos como la sostenibilidad, la accesibilidad y la educación ambiental.

Barcelona es una ciudad conocida por su innovadora urbanización y su diseño sostenible. Desde 2016 dio un paso más en la creación y renovación de espacios verdes bajo la promesa de garantizar el derecho al juego de los más pequeños. El concepto de ‘Ciudad jugable’ ha consolidado a la capital catalana como referente en este tipo de espacios lúdicos, que se encuentran en diferentes áreas del mapa urbano y que integran aspectos como la sostenibilidad, la accesibilidad universal, la educación ambiental y la mitigación de los efectos del cambio climático.

Una de las principales impulsoras del concepto de ‘ciudad jugable’ en Barcelona y en España es la consultora María Truñó i Salvadó, quien compartió en el reciente Congreso Nacional de Parques y Jardines Públicos, PARJAP 2024, la experiencia en la capital condal. Truñó fue la encargada de liderar las actuaciones como directora gerente del Instituto municipal de Infancia y Adolescencia. “Elaboramos el Plan de juego en el espacio público con horizonte 2030 de manera participada y en base a evidencias […] para lograr más y mejores oportunidades de juego e incrementar sus beneficios en la salud, la comunidad y la transformación ecosocial del espacio urbano”, compartió.

Posteriormente, de 2019 a 2023, María Truñó lleva a cabo una conexión de enorme valor para las ciudades jugables: la interrelación entre las escuelas, las zonas de juego y la naturaleza. Los programas ‘Transformemos los patios en naturalizados’ y ‘Protegemos las escuelas para crear una plaza en cada entorno escolar’, y la estrategia ‘Bressols por el Clima: escuelas infantiles municipales para la justicia climática’ han contribuido a extender una red municipal de 900 espacios públicos dedicados al juego infantil.

Tres modelos de espacios lúdicos y transformadores del espacio urbano en la ciudad jugable de Barcelona son La Balena en Parc Central de Nou Barris, El Pop en el Parc de la Pegaso de la Sagrera y L’Oreneta de los Jardines de la Industria de la Sagrada Familia. Estas áreas de juego son espacios dedicados especialmente al colectivo infantil y reciben la nota más alta de puntuación en la ciudad. Además, uno de cada tres visitantes procede de fuera del barrio, un buen ejemplo de su potencial de atracción y de la revitalización de la vida en estos lugares públicos, que reemplazan los tradicionales parques de plástico y metal por zonas de juego diseñadas para estimular la creatividad y la actividad física con estructuras naturales como troncos, rocas y vegetación diversa.

Esta renaturalización de parques de barrio, plazas de supermanzanas y patios de colegio también representa una magnífica oportunidad para promover la educación ambiental. Estos lugares se han convertido, en muchos casos, en jardines y huertos que funcionan como aulas al aire libre donde los estudiantes amplían sus conocimientos sobre disciplinas como la botánica, la ecología y la sostenibilidad de una manera interactiva, e incrementan su conciencia ambiental y responsabilidad hacia el entorno desde edades tempranas. Un hito en el presente que puede conducir a un futuro más respetuoso con el entorno natural.

Además, la renaturalización de los espacios públicos a través del concepto de ciudad jugable cuenta con beneficios en la biodiversidad urbana. La presencia de plantas nativas y árboles en los patios escolares y las plazas de barrio permite crear microhábitats que atraen a polinizadores, insectos y aves, dentro del proceso de generar un ecosistema urbano más rico y equilibrado. La mejora de la calidad del aire, la reducción de la contaminación acústica y la mitigación del efecto isla de calor son otros de los beneficios de la prestación de servicios ecosistémicos por parte de estas nuevas especies.

En definitiva, la ciudad jugable es un ejemplo de cómo una relación sostenible del urbanismo y la naturaleza puede ayudar a crear espacios lúdicos desde el ámbito comunitario. La promoción del bienestar, el aprendizaje, el fomento de la biodiversidad y la cohesión figuran entre los principales beneficios de un concepto innovador que empezó a desarrollarse en la ciudad de Barcelona y que ahora ya mira hacia otras zonas de España.

Leer más en https://www.barcelona.cat/pla-superilla-barcelona/es/ciudad-jugable

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